El primer gesto. El momento sagrado en que el día se disuelve para dar paso al reencuentro. Esta agua no solo limpia la superficie, sino que despeja el lienzo para el diálogo íntimo que está por comenzar. Es un velo de calma que purifica, tonifica y prepara la piel para los rituales por venir, tanto en el despertar del día (AM) como en la quietud de la noche.
Una caricia líquida, fresca y pura, que se desliza sobre la piel con una suavidad absoluta. En un solo paso, desmaquilla sin esfuerzo rostro, ojos y labios; limpia las impurezas acumuladas; y tonifica con delicadeza. La piel no queda tirante ni desnuda, sino que se revela serena, confortable, hidratada y en perfecto equilibrio. Siendo hipoalergénica, es un gesto de bondad universal para todo tipo de piel.
El secreto de su poder reside en la delicadeza de sus micelas.
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